¿Tus hijos/as salen del colegio de mal humor? No conviertas la salida en un interrogatorio
Estela Adamuz
9/16/20264 min leer
Eso no significa necesariamente que haya ocurrido algo grave ni que no quieran contártelo.
A veces significa simplemente: “Ahora mismo no puedo con una pregunta más.”
Cuando en ese momento empezamos a preguntar una cosa detrás de otra, incluso con la mejor intención, pueden sentir que tienen que dar explicaciones cuando todavía ni siquiera han podido ordenar lo que sienten. Y cuanto más preguntamos, más fácil es que respondan con un “no sé”, “nada” o “déjame”.
En lugar de buscar inmediatamente una explicación, podemos probar algo diferente: recibir primero y preguntar después.
Podemos saludarles, ofrecerles algo de comer, caminar juntos, hablar de otra cosa, poner música en el coche o simplemente permitir unos minutos de silencio. A veces basta con decir: “Te noto cansado/a. No tienes que contarme nada ahora. Si luego te apetece hablar, estoy aquí.”
Dar espacio no significa ignorar lo que les ocurre. Significa transmitir que no necesitan estar disponibles emocionalmente en todo momento y que pueden acercarse cuando estén preparados/as.
Más tarde, cuando estén más tranquilos/as, podemos volver a abrir la puerta: “Antes te he notado un poco enfadado/a al salir del cole, ¿quieres contarme algo?”. Y si responden que no, quizá podamos dejarlo ahí, salvo que haya algo que realmente nos preocupe.
Muchas veces nuestros hijos/as hablan cuando sienten que no están siendo interrogados/as, sino escuchados/as.
Y quizá ahí esté una de las claves: no necesitamos obtener toda la información en los primeros cinco minutos después de salir del colegio.
A veces, para que nuestros hijos/as quieran contarnos lo que les pasa, primero necesitan saber que también pueden estar con nosotros sin tener que contarnos nada.
A veces recogemos a nuestros hijos/as del colegio con ganas de saberlo todo: qué tal ha ido el día, qué han hecho, con quién han estado, si ha pasado algo, por qué tienen esa cara.
Y si salen irritables, serios/as o con pocas ganas de hablar, es fácil insistir todavía más.
“¿Qué te pasa?”
“¿Ha ocurrido algo?”
“¿Estás enfadado/a?”
“¿Por qué no me cuentas nada?”
Pero quizá ese no sea el mejor momento para hablar.
Después de varias horas en el colegio, nuestros hijos/as han tenido que atender, seguir normas, relacionarse con otras personas, gestionar frustraciones, controlar impulsos, adaptarse a cambios y responder a muchas demandas. Al salir, pueden estar simplemente cansados/as, saturados/as o necesitando bajar el ritmo.
Eso no significa necesariamente que haya ocurrido algo grave ni que no quieran contártelo.
A veces significa simplemente: “Ahora mismo no puedo con una pregunta más.”
Cuando en ese momento empezamos a preguntar una cosa detrás de otra, incluso con la mejor intención, pueden sentir que tienen que dar explicaciones cuando todavía ni siquiera han podido ordenar lo que sienten. Y cuanto más preguntamos, más fácil es que respondan con un “no sé”, “nada” o “déjame”.
En lugar de buscar inmediatamente una explicación, podemos probar algo diferente: recibir primero y preguntar después.
Podemos saludarles, ofrecerles algo de comer, caminar juntos, hablar de otra cosa, poner música en el coche o simplemente permitir unos minutos de silencio. A veces basta con decir: “Te noto cansado/a. No tienes que contarme nada ahora. Si luego te apetece hablar, estoy aquí.”
Dar espacio no significa ignorar lo que les ocurre. Significa transmitir que no necesitan estar disponibles emocionalmente en todo momento y que pueden acercarse cuando estén preparados/as.
Más tarde, cuando estén más tranquilos/as, podemos volver a abrir la puerta: “Antes te he notado un poco enfadado/a al salir del cole, ¿quieres contarme algo?”. Y si responden que no, quizá podamos dejarlo ahí, salvo que haya algo que realmente nos preocupe.
Muchas veces nuestros hijos/as hablan cuando sienten que no están siendo interrogados/as, sino escuchados/as.
Y quizá ahí esté una de las claves: no necesitamos obtener toda la información en los primeros cinco minutos después de salir del colegio.
A veces, para que nuestros hijos/as quieran contarnos lo que les pasa, primero necesitan saber que también pueden estar con nosotros sin tener que contarnos nada.
A veces recogemos a nuestros hijos/as del colegio con ganas de saberlo todo: qué tal ha ido el día, qué han hecho, con quién han estado, si ha pasado algo, por qué tienen esa cara.
Y si salen irritables, serios/as o con pocas ganas de hablar, es fácil insistir todavía más.
“¿Qué te pasa?”
“¿Ha ocurrido algo?”
“¿Estás enfadado/a?”
“¿Por qué no me cuentas nada?”
Pero quizá ese no sea el mejor momento para hablar.
Después de varias horas en el colegio, nuestros hijos/as han tenido que atender, seguir normas, relacionarse con otras personas, gestionar frustraciones, controlar impulsos, adaptarse a cambios y responder a muchas demandas. Al salir, pueden estar simplemente cansados/as, saturados/as o necesitando bajar el ritmo.
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© 2026 Impronta Psicología · Estela Adamuz · Psicóloga General Sanitaria - Colegiada nº AO15052.
