No todos los duelos empiezan con una muerte

Estela Adamuz

9/28/20266 min leer

greyscale photo of bouquet of roses
greyscale photo of bouquet of roses

No todos los duelos empiezan con una muerte

No hace falta que alguien muera para que algo importante se pierda.

A veces termina una relación, una amistad, una etapa de nuestra vida o la vida que conocíamos en un determinado lugar. Hay pérdidas evidentes y otras que pasan más desapercibidas, pero que también pueden necesitar tiempo, espacio y un proceso de adaptación.

Aunque solemos relacionar la palabra duelo con la muerte de alguien querido, en un sentido más amplio podemos hablar de procesos de duelo ante otras pérdidas significativas, como una ruptura o la pérdida de un rol importante en nuestra vida (Worden, 2022).

Por eso, a veces podemos estar atravesando una pérdida sin haberla llamado nunca duelo.

No siempre perdemos solamente aquello que se va

Cuando termina una relación de pareja no perdemos únicamente a una persona. También pueden desaparecer rutinas compartidas, lugares, vínculos, planes y una determinada manera de imaginar nuestro futuro. Las investigaciones sobre rupturas muestran precisamente que estas experiencias pueden implicar cambios importantes en el autoconcepto y en la manera de relacionarnos con los demás (Fernandes et al., 2025)

Algo parecido puede suceder cuando termina una amistad. Las amistades adultas pueden ocupar un lugar muy importante en nuestra vida, y perderlas también supone adaptarnos a la ausencia de una relación, una historia compartida y una forma concreta de acompañarnos (Vieth et al., 2022).

Y otras veces lo que cambia es un lugar entero en el mundo. Migrar también implica pérdidas. Podemos dejar atrás personas, pero también una casa, una red de apoyo, determinadas costumbres, un idioma cotidiano, roles sociales o nuestra sensación de pertenencia. La investigación sobre duelo migratorio habla precisamente de pérdidas interpersonales, materiales y también más abstractas asociadas a la migración (Renner et al., 2024).

En todos estos casos no ha muerto nadie, pero algo importante sí ha terminado o ha cambiado.

También podemos echar de menos algo que decidimos dejar

A veces nos cuesta reconocer estas pérdidas porque pensamos que no tenemos derecho a sentirlas.

“Pero si fui yo quien terminó la relación.”

“Yo decidí irme a otro país.”

“Sabía que ese trabajo no era para siempre.”

“La amistad ya no funcionaba.”

Sin embargo, saber que una decisión era necesaria no significa que todo aquello que dejamos atrás deje de importarnos. Podemos estar convencidos de haber tomado una buena decisión y, al mismo tiempo, echar de menos una parte de nuestra vida anterior.

Tampoco todas las pérdidas se viven de la misma manera. Una ruptura, una mudanza o el final de una etapa no tienen por qué generar necesariamente un proceso de duelo intenso. Hay cambios que integramos con relativa facilidad y otros que remueven partes mucho más profundas de nuestra historia.

La cuestión no es convertir cualquier cambio vital en un problema psicológico, sino reconocer cuándo algo ha sido importante para nosotros.

¿Qué perdemos cuando no ha muerto nadie?

Quizá por eso, cuando pensamos en el duelo, podemos ampliar un poco la pregunta.

No solo:

“¿A quién he perdido?”

También:

“¿Qué he perdido?”

Quizá una relación. Una amistad. Un hogar. Una etapa. Una forma de entendernos. Una posibilidad. Un futuro que imaginábamos y que finalmente no ocurrió.

Poner nombre a una pérdida no hace que duela más. A veces nos ayuda precisamente a comprender por qué necesitamos un tiempo para recolocarnos después de ella.

Porque no todos los duelos empiezan con una muerte.

A veces empiezan cuando algo que tenía un lugar importante en nuestra vida deja de estar, cambia o ya no puede continuar como lo habíamos imaginado.

Referencias bibliográficas

Fernandes, J. G., Santos, C., & Martins, M. V. (2025). Psychosocial effects of romantic breakups during emerging adulthood: A systematic review. Clinical Psychology & Psychotherapy, 32(5), e70139. https://doi.org/10.1002/cpp.70139

Renner, A., Schmidt, V., & Kersting, A. (2024). Migratory grief: A systematic review. Frontiers in Psychiatry, 15, 1303847. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2024.1303847

Vieth, G., Rothman, A. J., & Simpson, J. A. (2022). Friendship loss and dissolution in adulthood: A conceptual model. Current Opinion in Psychology, 43, 171–175. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2021.07.007

Worden, J. W. (2022). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (5.ª ed.). Paidós.

greyscale photo of bouquet of roses
greyscale photo of bouquet of roses

No todos los duelos empiezan con una muerte

No hace falta que alguien muera para que algo importante se pierda.

A veces termina una relación, una amistad, una etapa de nuestra vida o la vida que conocíamos en un determinado lugar. Hay pérdidas evidentes y otras que pasan más desapercibidas, pero que también pueden necesitar tiempo, espacio y un proceso de adaptación.

Aunque solemos relacionar la palabra duelo con la muerte de alguien querido, en un sentido más amplio podemos hablar de procesos de duelo ante otras pérdidas significativas, como una ruptura o la pérdida de un rol importante en nuestra vida (Worden, 2022).

Por eso, a veces podemos estar atravesando una pérdida sin haberla llamado nunca duelo.

No siempre perdemos solamente aquello que se va

Cuando termina una relación de pareja no perdemos únicamente a una persona. También pueden desaparecer rutinas compartidas, lugares, vínculos, planes y una determinada manera de imaginar nuestro futuro. Las investigaciones sobre rupturas muestran precisamente que estas experiencias pueden implicar cambios importantes en el autoconcepto y en la manera de relacionarnos con los demás (Fernandes et al., 2025)

Algo parecido puede suceder cuando termina una amistad. Las amistades adultas pueden ocupar un lugar muy importante en nuestra vida, y perderlas también supone adaptarnos a la ausencia de una relación, una historia compartida y una forma concreta de acompañarnos (Vieth et al., 2022).

Y otras veces lo que cambia es un lugar entero en el mundo. Migrar también implica pérdidas. Podemos dejar atrás personas, pero también una casa, una red de apoyo, determinadas costumbres, un idioma cotidiano, roles sociales o nuestra sensación de pertenencia. La investigación sobre duelo migratorio habla precisamente de pérdidas interpersonales, materiales y también más abstractas asociadas a la migración (Renner et al., 2024).

En todos estos casos no ha muerto nadie, pero algo importante sí ha terminado o ha cambiado.

También podemos echar de menos algo que decidimos dejar

A veces nos cuesta reconocer estas pérdidas porque pensamos que no tenemos derecho a sentirlas.

“Pero si fui yo quien terminó la relación.”

“Yo decidí irme a otro país.”

“Sabía que ese trabajo no era para siempre.”

“La amistad ya no funcionaba.”

Sin embargo, saber que una decisión era necesaria no significa que todo aquello que dejamos atrás deje de importarnos. Podemos estar convencidos de haber tomado una buena decisión y, al mismo tiempo, echar de menos una parte de nuestra vida anterior.

Tampoco todas las pérdidas se viven de la misma manera. Una ruptura, una mudanza o el final de una etapa no tienen por qué generar necesariamente un proceso de duelo intenso. Hay cambios que integramos con relativa facilidad y otros que remueven partes mucho más profundas de nuestra historia.

La cuestión no es convertir cualquier cambio vital en un problema psicológico, sino reconocer cuándo algo ha sido importante para nosotros.

¿Qué perdemos cuando no ha muerto nadie?

Quizá por eso, cuando pensamos en el duelo, podemos ampliar un poco la pregunta.

No solo:

“¿A quién he perdido?”

También:

“¿Qué he perdido?”

Quizá una relación. Una amistad. Un hogar. Una etapa. Una forma de entendernos. Una posibilidad. Un futuro que imaginábamos y que finalmente no ocurrió.

Poner nombre a una pérdida no hace que duela más. A veces nos ayuda precisamente a comprender por qué necesitamos un tiempo para recolocarnos después de ella.

Porque no todos los duelos empiezan con una muerte.

A veces empiezan cuando algo que tenía un lugar importante en nuestra vida deja de estar, cambia o ya no puede continuar como lo habíamos imaginado.

Referencias bibliográficas

Fernandes, J. G., Santos, C., & Martins, M. V. (2025). Psychosocial effects of romantic breakups during emerging adulthood: A systematic review. Clinical Psychology & Psychotherapy, 32(5), e70139. https://doi.org/10.1002/cpp.70139

Renner, A., Schmidt, V., & Kersting, A. (2024). Migratory grief: A systematic review. Frontiers in Psychiatry, 15, 1303847. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2024.1303847 Frontiers

Vieth, G., Rothman, A. J., & Simpson, J. A. (2022). Friendship loss and dissolution in adulthood: A conceptual model. Current Opinion in Psychology, 43, 171–175. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2021.07.007

Worden, J. W. (2022). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (5.ª ed.). Paidós.