¿Cómo saber si necesito ir a terapia?

Estela Adamuz

9/8/20263 min read

left human fist
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¿Cómo saber si necesito ir a terapia?

A veces pensamos que para ir a terapia tiene que haber pasado algo muy grave. Que tenemos que estar completamente desbordados, llevar meses sintiéndonos mal o haber llegado a un punto en el que ya no sabemos qué hacer.

Pero no siempre es así.

Muchas personas llegan a terapia sin tener una respuesta clara a la pregunta “¿qué me pasa?”. Simplemente sienten que algo no termina de estar bien: están más cansadas, preocupadas, irritables, desconectadas de sí mismas o atrapadas en situaciones que se repiten una y otra vez.

Y eso también merece ser escuchado.

No hace falta tocar fondo para pedir ayuda

Ir a terapia no significa que no puedas afrontar tu vida por tu cuenta. Tampoco significa necesariamente que tengas un trastorno psicológico.

A veces significa simplemente reconocer que hay algo que te está costando y que quizá sería más fácil comprenderlo acompañado.

Puede ser una ruptura, una pérdida, una relación que te genera malestar, una etapa de muchos cambios o una sensación de ansiedad que parece acompañarte a todas partes.

O puede que aparentemente “todo esté bien” y, aun así, tú no te sientas bien.

No necesitas justificar tu malestar para poder hablar de él.

Algunas señales que pueden indicar que necesitas un espacio para ti

No existe una lista exacta que determine cuándo una persona “debe” empezar terapia. Cada historia y cada momento vital son diferentes.

Pero quizá te ayude preguntarte si últimamente…

  • Sientes que le das demasiadas vueltas a las cosas y te cuesta desconectar.

  • Hay emociones que te resultan difíciles de manejar o entender.

  • Estás atravesando una ruptura, un duelo, una pérdida o un cambio importante.

  • Sientes ansiedad, tristeza, irritabilidad o agotamiento con frecuencia.

  • Te cuesta poner límites o priorizar tus propias necesidades.

  • Tus relaciones terminan generándote conflictos parecidos una y otra vez.

  • Te exiges mucho y tienes la sensación de no ser nunca suficiente.

  • Hay decisiones que llevas tiempo posponiendo porque no sabes qué quieres.

  • Estás evitando determinadas situaciones por miedo, inseguridad o malestar.

  • Hay cosas de tu pasado que siguen teniendo más peso en tu presente del que te gustaría.

  • Has intentado cambiar algo por tu cuenta muchas veces, pero acabas volviendo al mismo punto.

  • Simplemente quieres conocerte mejor y entender por qué sientes, piensas o actúas de determinadas maneras.

Ninguna de estas situaciones significa automáticamente que necesites terapia. Pero sí pueden ser una invitación a preguntarte cómo estás viviendo este momento de tu vida.

“Pero quizá lo mío no es para tanto”

Esta es una frase muy frecuente.

Tendemos a comparar nuestro malestar con el de otras personas: “hay gente que está mucho peor”, “no tengo motivos para sentirme así”, “esto debería poder resolverlo yo”.

Sin embargo, el sufrimiento no necesita superar ningún examen para ser válido.

Que otras personas estén atravesando situaciones difíciles no hace que aquello que te preocupa deje de afectarte.

Además, esperar a encontrarnos completamente desbordados no suele hacer que pedir ayuda resulte más sencillo. Igual que cuidamos otros aspectos de nuestra salud antes de que aparezca un problema grave, también podemos prestar atención a nuestro bienestar psicológico antes de llegar al límite.

La terapia no consiste únicamente en hablar de problemas

La terapia puede ser un lugar en el que comprender qué te está ocurriendo, descubrir patrones que hasta ahora pasaban desapercibidos y explorar nuevas formas de relacionarte contigo y con las personas que forman parte de tu vida.

No se trata de que alguien te diga qué tienes que hacer.

Se trata de construir un espacio en el que puedas detenerte, mirar con algo más de perspectiva aquello que estás viviendo y encontrar recursos que tengan sentido para ti.

A veces el objetivo será aliviar un malestar concreto. Otras veces será atravesar una etapa difícil, tomar una decisión, aprender a poner límites o comprender por qué determinadas situaciones nos afectan tanto.

Y en ocasiones será algo mucho más sencillo: tener un lugar seguro en el que poder hablar sin sentir que tienes que cuidar, tranquilizar o proteger a quien tienes delante.

¿Y si no sé exactamente qué quiero trabajar?

También puedes empezar por ahí.

No necesitas llegar a la primera sesión con una explicación perfectamente ordenada de lo que te ocurre ni con unos objetivos definidos.

Puedes empezar diciendo:

“No sé muy bien qué me pasa, pero últimamente no me siento como antes.”

Y desde ahí comenzar a explorar.

Parte del proceso terapéutico consiste precisamente en poner palabras a experiencias que muchas veces todavía no sabemos cómo nombrar.

Quizá la pregunta no sea “¿estoy suficientemente mal?”

Tal vez pueda ayudarte cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarte:

“¿Estoy lo suficientemente mal como para ir a terapia?”

puedes preguntarte:

“¿Hay algo en mi vida que me gustaría comprender, cambiar o aprender a vivir de otra manera?”

Si la respuesta es sí, quizá merezca la pena darte ese espacio.

No tienes que esperar a tocar fondo para empezar a cuidarte.